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El Espejo de Argentina y el Mundo

Año XX - Nº 226 (Segunda época)
Septiembre 2015

2 de septiembre de 2014

Suplemento: La verdad sobre Venezuela, Latinoamérica y el Caribe

Solidaridad internacionalista

En medio de la batalla contra la “guerra económica” y a punto de lanzar un ataque frontal al contrabando de extracción, con el que la burguesía y mafias asociadas desangran el abastecimiento en toda Venezuela, el gobierno de Nicolás Maduro hallу tiempo para envarar un poderoso movimiento de solidaridad con Palestina y, a la vez, organizó un Foro de debate y denuncia, “Imperialismo financiero y fondos buitre”, en solidaridad con el pueblo argentino agredido por esa vanguardia de la usura capitalista. El 12 de agosto, tras las exposiciones de la ministra de Comunicación Delcy Rodríguez y el canciller Elías Jaua, se sucedieron las ponencias de invitados internacionales y venezolanos, las cuales expusieron y analizaron el mecanismo de expoliación montado a través del endeudamiento forzado para contrapesar la crisis estructural del sistema capitalista. Al dнa siguiente, también con la presencia de los invitados internacionales al Foro, el canciller encabezó un acto pъblico en la Plaza Bolívar de Caracas, donde una multitud recibió la palabra del ministro de Relaciones Exteriores de Palestina, Riad al Malki. Lejos de debilitar el combate interno contra la desestabilización, estas acciones solidarias colocan en su verdadera dimensión y proyección la defensa de la Revolución Bolivariana.

Partido y continuidad revolucionaria

No hubo sector de la sociedad y la política venezolanas ajeno al desarrollo y desenlace del III Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela. Unos a la expectativa de una estrepitosa división; otros esperanzados con el golpe de timón que corrigiera errores y desviaciones; no pocos alertas a la anunciada confrontación interna que mostraría supuestas rivalidades inconciliables y abriría espacio para la conformación de nuevas fracciones de peso; otros, por fin, a la espera de que un resultado inocuo probara la tesis de que un partido es un mero aparato para conducir incautos y obtener resultados electorales.
Todos tenían algún asidero para sus previsiones. Pero sólo acertaron aquellos que apostaron al fortalecimiento y radicalización del Psuv. Entre los días 26 y 31 de julio, las sesiones fueron trazando un curso que acabó sorprendiendo a casi todos.
Dos componentes cruciales de cualquier Congreso partidario alertaban sobre la posibilidad de un resultado mediocre: la elección de sus delegados y los documentos iniciales puestos a debate de los organismos de base del Partido. Del millar de delegados, la mitad estaba compuesta por funcionarios de diferente rango en el aparato del Estado, entendidos como “delegados naturales” al Congreso. La elección de la otra mitad no dejó en todos los casos satisfecha a la totalidad de la militancia activa. Los textos originales puestos a debate, por su lado, fueron criticados desde diferentes ángulos, alegando una verbosidad a veces excesiva e imprecisa y, peor aún, con ausencia de definiciones esperadas por los sectores más enérgicos del Psuv.
No obstante, en la segunda jornada del Congreso, sendas intervenciones no previstas de Diosdado Cabello y Nicolás Maduro cambiaron por completo el clima de las deliberaciones. Un sesgo neto de mayor radicalidad y su obligada contraparte, la defensa de la participación democrática y plena de la militancia en la vida corriente del Partido, mostraron una estructura organizativa vital y la determinación de su dirigencia de ponerla a la altura de los gravísimos desafíos que afronta la Revolución Bolivariana. Era palpable que esas intervenciones interpretaban el sentimiento profundo del Partido, de los debates previos y de un elevado número de delegados acaso a esa altura un tanto escépticos respecto de los resultados que esperaban.
Sucesivas intervenciones de dirigentes tales como Rafael Ramírez y Jorge Arreaza, presidente de Pdvsa, ministro de Petróleo y Minería y vicepresidente para la Economía el primero, Vicepresidente Ejecutivo el segundo, respaldadas por una sucesión de intervenciones en la misma tónica, por parte de connotados cuadros fundadores del Partido, ratificaron el curso unitario, democrático y radical del Congreso.
Esto quedó reconfirmado al día siguiente, en la sesión de clausura, con un discurso en el que Maduro plantó con claridad y firmeza el rumbo revolucionario y socialista del Psuv. En consonancia con la línea siempre afirmada por el comandante Hugo Chávez en todo el proceso de formación y desarrollo del Partido, ese curso es inseparable de la participación democrática de las bases. Una corriente eléctrica hizo temblar al Congreso cuando Maduro dijo que, a partir de ese momento, quedaba estrictamente prohibida la cooptación de cuadros de dirección y que sólo el Presidente del Partido –él mismo– podía eventualmente proponer la cooptación.
Así, muy lejos del estallido divisionista, e incluso de la manifestación de rencorosas divisiones como las que aquejan a la oposición burguesa, el Congreso del Psuv concluyó con una prueba adicional de unión revolucionaria desde la base a la máxima dirección y, de pareja importancia, con la reafirmación de una línea de acción contraria al conciliacionismo y el reformismo.



La crisis de la MUD y el carácter de la oposición en Venezuela


La Mesa opositora hoy, unidad… de cuidados intensivos
Un elemento que aparece hoy con absoluta claridad en Venezuela es la crisis abierta en la MUD, sigla adoptada en junio de 2009 por la coalición que opera dentro y fuera del país con la intención de poner fin a la Revolución Bolivariana. La sigla lejos de aclarar oscurece, pues encubre la realidad de dicha Mesa, que de unida tiene muy poco y de democrática menos aún.
El calado de la crisis de la Mesa opositora apunta en las declaraciones enfrentadas de sus voceros, sus reproches cruzados y el reconocimiento por parte de algunos de ellos de su creciente desconexión con sus seguidores, fruto del fracaso de las aventuras y atajos de nuevo ensayados y de su carencia de propuestas capaces de interesar a la mayoría de venezolanos. Sus repetidas derrotas y sus recelos mutuos han desembocado en la actual crisis de la MUD. Crisis que ha conllevado una salida no prevista: la renuncia del secretario general de la Mesa y su adlátere, el secretario adjunto. La derecha opositora salta en pedazos ante el disgusto de la mano imperial que la financia, alienta y busca cómo recomponer ese mosaico de intereses y ambiciones personales para seguir desestabilizando el proceso revolucionario. Ardua tarea la del Imperio. La lógica del engaño y el autoengaño impregna la visión y la conducta de sus peones venezolanos empecinados en lo que Robert Trivers llama la insensatez de los necios.

Los factores de la crisis opositora
Esta crisis responde a múltiples factores: ausencia de un proyecto de país más allá de la recuperación del control sobre la renta petrolera y la sumisión a los intereses y valores del Imperio del Norte; derrota política continuada tanto en las urnas como en sus aventuras golpistas; querellas internas en la disputa por el liderazgo opositor… Es una crisis de raíces profundas y difícil salida, pues ¿cómo remontarla sin negar su propia naturaleza clasista y subalterna a los citados designios foráneos?
Sus reiterados errores de análisis tienen mucho que ver con su incapacidad de percibir al país real. Así, imaginaron que la desaparición física de Hugo Chávez supondría la muerte del chavismo. Craso error, como quedó de manifiesto en las elecciones presidenciales y municipales de 2013 y en el reciente Congreso del Psuv. No han entendido que el chavismo es un proyecto histórico con hondas raíces populares, dispuesto a profundizar el legado de Chávez, la conquista de una Patria libre y soberana que camina junto a los pueblos nuestroamericanos rumbo a un socialismo propio basado en el Poder Popular. 
Soñaron que lanzando acciones violentas de calle vinculadas a la agitación de un puñado de estudiantes acomodados conseguirían tumbar al presidente electo Nicolás Maduro, tras aislarlo internacionalmente. Imaginaron que los chorros de dólares para financiar la desestabilización y comprar mercenarios dentro y fuera del país harían el resto. También en esto se equivocaron: ni el pueblo ni el gobierno bolivariano con su Presidente al frente iban a dejarse chantajear por la violencia fascista; frente a ésta, la unión cívico-militar mostró su fortaleza y desbarató sus planes criminales y aventureros. Y la solidaridad de pueblos y gobiernos latinoamericanos con la democracia bolivariana los dejó solos junto a sus amos imperiales. En resumen, como se dice en criollo, “no pegaron una”.
Eso sí, destrozaron instalaciones, quemaron autobuses, segaron vidas de ciudadanos asesinados con guayas y tiroteados al limpiar calles obstruidas… Unos incitaban a una “Salida” inmediata y otros callaban por si la cosa cuajaba. Si un sector aceptaba sentarse a iniciar el diálogo propuesto por el gobierno bolivariano, otro lo tildaba de traidor y le conminaba a patear la mesa. Todo ello ante el cansancio y la confusión manifiesta de sus seguidores, de quienes se desconectaban cada día más. No es de extrañar que de esos polvos vinieran los lodos de la actual crisis de las instancias opositoras.

Lo que no entiende ni entenderá la derecha opositora en crisis
El clasismo elitista de una derecha encarnada por una mezcla de personajes procedentes de la vieja casta política cuarto republicana y por impacientes aspirantes a un nuevo liderazgo, inmensamente incultos aunque sobrados de arrogancia y ambiciones, no augura demasiados cambios en lo fundamental: su incapacidad de ofrecer una alternativa capaz de interesar al conjunto de la sociedad venezolana. Su desconocimiento y desprecio de las vivencias y valores de las mayorías populares, no  les permite comprender una realidad nueva que llegó para quedarse: un pueblo digno y consciente, al que ya no pueden engañar, capaz de entender los intereses en juego en el conflicto social y dispuesto a defender su protagonismo en las conquistas logradas con la Revolución Bolivariana. Esto explica la profundidad y el carácter estructural de la crisis de la derecha opositora en Venezuela, una crisis que no superará con más aventuras, llámense éstas “Salida”, “Congreso Ciudadano”… Pues todo indica que se trata de una crisis que también llegó para quedarse.

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