El Espejo de Argentina y el Mundo

Año XX - Nº 226 (Segunda época)
Septiembre 2015

18 de mayo de 2011

¿Sumarse al Alba o "profundizar" con el G-20?


Por Marcelo Zugadi

Al igual que durante el penúltimo tramo de la convertibilidad en los años 1990, hoy resulta difícil explicar que la economía argentina marcha otra vez hacia un pantano. La dificultad no estriba en la carencia de datos sobresalientes ni hechos a la vista de cualquier ciudadano, sino en algo más trivial, pero de enorme potencia: el bienestar de amplias fajas medias y el consumismo febril basado en el endeudamiento individual a largo plazo. ¿Por qué pensaría en las incongruencias insostenibles del "modelo", quien acaba de sacar del concesionario un auto último modelo, a pagar en 60 cuotas mensuales y programo vacaciones en la costa gracias a un crédito bancario especial para ese fin, pagadero en 36 cuotas?

En 1997 la catástrofe estaba a la vista. Pero jóvenes y no tanto viajaban a Miami con el dólar barato y se negaban a admitir lo obvio. Los grandes números de la economía son incomparablemente más tranquilizantes que los de aquel período previo al gran estallido. Pero hay un factor que todavía más grave que entonces: la extensión de la pobreza y la marginalidad.
La sociedad argentina constituida -incluido, para mal de todos, el grueso de la clase obrera- se niega a ver esa catástrofe social. Limita su queja a la "inseguridad". Sin comprender la imposibilidad de detener con prevención o represión policial la brutal desigualdad en el reparto de la riqueza nacional. El crecimiento vertical de la delincuencia común refleja además otro hecho de segura repercusión sobre el equilibrio político: la lucha por la distribución de la renta nacional no es posible mediante sindicatos y partidos políticos, ubicados ahora en otro plano, exclusivamente superestructural, del sistema. Por eso adopta la forma individual y violenta.

Argentina y el mundo
Hay todavía otro factor a tener en cuenta para pensar el futuro cercano de la vida social en Argentina: el estado de la economía mundial. Las dirigencias políticas lanzadas a la búsqueda de votos parecen encerradas en una burbuja del tamaño exacto de las grandes urbes en Argentina. Nadie dice una palabra de la marcha sistemática y arrolladora de una crisis detonada en 2008 en los centros de la economía mundial, que por estas horas azota como un huracán a Estados Unidos y la Unión Europea (en situación de colapso Grecia, Portugal, España e Irlanda amenazan como verdugo a Francia y Alemania); huracán que levantó una ola de sublevaciones revolucionarias en el Norte de África y el Cercano Oriente, detonó una guerra imperialista contra Libia y amenaza extenderla a Siria e Irán...
El propio presidente Barack Obama advierte que si el Congreso no le permite aumentar el ya sideral y descontrolado endeudamiento, la economía estadounidense sufrirá una explosión interna. Pero en Argentina, gobierno y oposición no registran estos datos del exterior. Con rara combinación de candidez e irresponsabilidad, el ahora único desafiante al oficialismo, Ricardo Alfonsín, repite que "para Argentina es más fácil crecer que no crecer". Da por sentada la continuidad lineal del ingreso de divisas por altos precios de la soja y pone como único objetivo para el futuro a largo plazo administrar mejor las cuentas y fortalecer las instituciones de la República: miente en el colmo del cinismo... o ignora en qué país y en qué mundo vive.
Por su lado el gobierno muestra idéntica ceguera y repite, como autómata, que se propone "profundizar el modelo".


El Frepaso redivivo volverá a malmorir
Ese mentado "modelo", teórica y prácticamente inexistente, es un fetiche utilizado para ocultar la pasmosa incapacidad del elenco gobernante. No falta mucho -es cuestión de meses- para que la inconsistencia del zafarrancho comience a exigir ajustes severos. El oficialismo sólo espera que nada se cruce antes del 23 de octubre. Después verá, si es que está al comando de la Casa Rosada. Si no, como siempre en las grandes crisis estructurales del último siglo en el mundo, la burguesía estará feliz de que haya un gobierno socialdemócrata para hacer pagar la cuenta con barniz progresista.
Esa variante ha ganado espacio en las últimas semanas y allí estriba otra causa para explicar los últimos gestos de la presidente: tomar -siquiera formalmente- distancia de la CGT y el PJ, para fortalecer precisamente el costado socialdemócrata que al estilo de "quiero y  no puedo", viene ensayando el elenco oficial, siguiendo el pentagrama de los restos del Frepaso, desde la transversalidad por tercera vez frustrada.
Pero volvamos al punto: lo entiendan o no los políticos burgueses, la crisis estructural del capitalismo continuará agudizándose en los centros imperiales y expandirá su efecto a todo el orbe. Aquí, en nuestro fragmentado y anestesiado país, esos efectos se combinarán con la masa creciente de pobres y el descontento en espiral de jóvenes, obreros y sectores bajos de las capas medias, de la misma manera que se combina el C-4 con un detonador. La completa inconsciencia de la clase dirigente y sus organizaciones políticas no detendrá ese proceso inexorable.

Opciones
Ahora bien: ¿cómo afrontó el gobierno el desbarajuste capitalista en 2008? Ingresando al G-20, es decir, al instrumento articulado in extremis por el imperialismo para contrarrestar la crisis. Así volvió el FMI al país, se continuó pagando cifras siderales de deuda fraudulenta y se acaba de reconocer al Club de París el pago de un monto escandalosamente superior al registrado en el propio Banco Central. La oposición burguesa, tan belicosa en otras cuestiones, acompañó sin chistar estas decisiones.
Naturalmente, el gobierno argentino se opuso a la otra respuesta frente al colapso capitalista: la que dio una decena de países suramericanos aferrándose a la Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA).
Con programas destinados ante todo a recuperar sin reservas la soberanía nacional, base estratégica para resolver los problemas básicos de las grandes mayorías (trabajo genuino, educación, salud, vivienda), el Alba choca de frente con las propuestas imperialistas y sienta las bases de una sociedad socialista.
A mediano plazo, no hay otra opción para Argentina: aplica a rajatabla la "solución" que el G-20 está suministrando a Grecia, Portugal, Irlanda y España, o toma por el camino del Alba.
Ya sabemos quiénes quieren estar con el G-20. Resta saber quiénes asumirán la tarea necesaria para que nuestro país se sume al Alba y emprenda por fin un camino de emancipación.

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