Durante más de un mes la escalada de prensa contra la
Revolución Bolivariana perdió ímpetu y continuidad. La curva acompañó el
agotamiento de la guarimba, la división de la MUD, la perplejidad de la Casa
Blanca ante el hecho –para ellos inimaginable– de que el gobierno de Nicolás
Maduro resistiera la arremetida iniciada el 12 de febrero, sostenida hasta
fines de abril.
Así, la pomposa campaña según la cual los diarios
comerciales más reputados del hemisferio podían dedicar una página cotidiana
para denostar a Venezuela, se transformó en una silenciosa retirada. No tanto
porque para esos 84 medios resultara incómodo defender la transformación de la
guarimba en liso y llano terrorismo, sino sobre todo porque el Departamento de
Estado perdió una vez más la iniciativa.
En coincidencia con esa declinación, el Foro “Conjura
mundial de los medios contra Venezuela”, resolvió en Caracas impulsar una red
que, a poco de puesta en movimiento, recibió la adhesión de 117 medios de todo
el mundo.
Ni la pausa en el ataque se mantendrá, ni la
consolidación de una red mundial para defender La Verdad de Venezuela está
garantizada. Pero el cruce de caminos es por demás elocuente acerca de las
posibilidades de ambas fuerzas en pugna.
Washington huye hacia delante
Otras victorias antimperialistas ocurrieron
simultáneamente en latitudes diferentes:
- acuerdo China-Rusia (que incluye la eliminación del
dólar en los intercambios y fue acompañado de inéditas maniobras militares
conjuntas)
- contundente demostración en Siria de apoyo de masas al
presidente Bashar al Assad
- fundación de Repúblicas Populares en el este de Ucrania,
precedida por el fracaso en la anhelada anexión de Crimea al aparato de la
Otan,
- creación de una moneda de cuenta entre Rusia,
Bielorusia y Kasajstán (preparan su ingreso Armenia y otros países del área)
- por su sola realización la cumbre del G77 y China en
Bolivia supone el primer peldaño de tal magnitud –participaron 129 países– en
el bullente proceso de recomposición del mapa político mundial, siempre en
detrimento del poder imperial de Estados Unidos. Además, allí numerosos
presidentes y altos mandatarios expresaron solidaridad y apoyo al gobierno
constitucional de Venezuela. Y en actos públicos de participación masiva se
hizo evidente la caladura popular de la Revolución Bolivariana en el hemisferio
- la misma prensa que ataca a Venezuela se vio obligada a
anunciar el peligro de deflación en la Unión Europea –que en caso de
concretarse tendería a transformar la recesión en depresión. A la vez esos
medios publicaron datos que desmienten la supuesta recuperación económica en
Estados Unidos.
Podrían sumarse innumerables hechos demostrativos de que
Estados Unidos ya no puede ejercer su papel de antaño como inapelable gendarme
mundial.
Una interpretación ingenua de la realidad capitalista
podría llevar a pensar en un repliegue o, al menos, una pausa en la
beligerancia extrema del imperialismo. Pero está en curso la dinámica inversa:
Obama explicitó que su gobierno está dispuesto a marchar a la guerra (ver nota
anterior). Y en el mundo contemporáneo un destacamento clave de los ejércitos
imperiales es la prensa comercial. Tanto más porque la relación de fuerzas en
todos los terrenos –excepto, claro, el militar, aunque también aquí el panorama
está cambiando, dejándole a Washington la sola supremacía indiscutible de su
arsenal atómico, el gran capital debe apelar a la difusión masiva de mentiras,
calumnias y tergiversaciones, para anestesiar a los pueblos mientras lleva a
cabo operaciones político-militares tendientes a recuperar el terreno perdido.
Obsequio a la guerra mediática
Por su petróleo, seguramente, pero ante todo por encarnar
la respuesta socialista a la crisis del capitalismo mundial, Venezuela es
objetivo permanente de ataque político, militar, diplomático y mediático por
parte de Estados Unidos. De modo que aunque haya pausas obligadas por derrotas
inesperadas en su accionar, no habrá tregua y muchos menos armisticio.
Desde el golpe fallido de 2002 es mucho el camino
recorrido por la prensa revolucionaria, en América Latina y otras regiones, en
términos cuantitativos y cualitativos. Ninguna crítica –objetiva o desmedida-
puede ocultar ese hecho clave de la nueva situación mundial: hay capacidad
actuante para enfrentar y vencer la ofensiva imperial en el terreno de la
información y la lucha de ideas. La red por “La Verdad de Venezuela” puede potencialmente
multiplicar esa capacidad.
La señalada retracción en la campaña contra la Revolución
Bolivariana halló en estos días un salvavidas en la deserción de un ex ministro
que difundió un documento deliberadamente apuntado a calzar en aquella campaña.
Y ya está en curso el intento contraofensivo de la prensa comercial. Puede ser
el inicio de una nueva escalada. Y la oportunidad para mostrar de lo que es
capaz la prensa revolucionaria.
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