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El Espejo de Argentina y el Mundo

Año XX - Nº 226 (Segunda época)
Septiembre 2015

17 de agosto de 2013

Represión a la clase trabajadora


Guatemala

Fragmentación, persecución a la organización sindical, son los rasgos que junto a la impunidad y el miedo atraviesan la realidad de los trabajadores/as y al conjunto de la sociedad guatemalteca. La oligarquía de Guatemala embiste con toda virulencia contra los intentos de organización sindical y el desarrollo de los movimientos de masas. La “guerra” (referida al terrorismo de Estado) es un pasado aún presente, porque la violencia está instalada y se respira en la vida cotidiana. El genocidio consumado por el dictador Ríos Montt (condenado, liberado pero en una pelea que sigue), penetró en la sociedad, en las organizaciones, en las personas. Las masacres, la desaparición forzosa y la tierra arrasada, las estructuras paramilitares de las Patrullas de Autodefensa Civil (Pac), el aniquilamiento de las comunidades mayas,  configuraron una acción represiva sistemática para impedir cualquier rearticulación popular. Fue una política de Estado. La contrarrevolución, que suele ser ubicada por muchos compañeros/as con la caída del gobierno de Jacobo Arbenz en 1954 y la intervención armada organizada por “los gringos”. El comienzo de “la violencia y la “guerra”, como entidades que marcaron a fuego a la sociedad guatemalteca. 

Las palabras de Arturo Mesías Ortiz secretario general de Fenasteg (Federación Nacional de Trabajadores del Estado de Guatemala) fueron elocuentes al explicitar, en una reunión de dirigentes de distintas organizaciones y delegados gremiales, la naturaleza de la lucha que abordan cotidianamente por la independencia y defensa de su clase. El encuentro adquirió carácter de asamblea participativa, de intercambio de la situación en Guatemala y Argentina.
            El ingreso a la sede es revelador. Las fotos del “Che” Guevara definen una pertenencia. También el recorrido de imágenes, fotografías  y una suerte de museo de antiguas maquinarias, testimonio de la historia de los obreros/as gráficos, el oficio de tipógrafos, las distintas tareas que marcaron distintos momentos del sindicalismo y sus enfrentamientos.
            Hay cuatro federaciones constituidas de trabajadores del Estado y 33 sindicatos del sector público, se había logrado conformar la unidad de acción a través de una Mesa de Diálogo, pero la cooptación de sindicatos por parte de los partidos y del gobierno ha sido una constante, la división es muy profunda y no se respetan los fueros con lo cual el despido es la respuesta inmediata. En el caso de las mujeres trabajadoras, los abusos y atropellos se multiplican.    
            El gobierno actual, de derecha y militar, implementa un ataque permanente contra Fenasteg  porque ha preservado su autonomía. El nivel de sindicalización es del 2% con una expansión de la tercerización y el temor a perder el empleo. Cuando se constituyen, los sindicatos son raquíticos y deben priorizar las acciones legales por sobre salir a las calles por el nivel de represalia. La decisión de evitar un choque directo con las patronales y el gobierno se sustenta en relaciones de fuerza adversas y el temor de compañeros/as como un elemento paralizante.
            Otro tema crucial es el clientelismo político, la obtención de la Bolsa Solidaria a cambio de la desafiliación de Fenasteg  por ejemplo, y pasar a un sindicato manejado por el poder. Aún así, no cesa la búsqueda de organizarse, está naciendo ahora un sindicato de la maquila, con todas las dificultades y teniendo en cuenta que muchas se fueron a otros países que estimaban más seguros. Pese a estas adversidades la lucha es contra la precarización del salario, la tercerización, el tiempo parcial, el salario no alcanza para sobrevivir.
            El terror ha calado hondo. Hoy todavía se observa a una juventud ganada por el consumismo, no les interesa nada, solo el individualismo. Y lo peor es que al consumo hay que sumar el alcohol, los alucinógenos, producto de una sociedad invadida y contaminada por el narcotráfico. Esto se vive hoy aunque no se pueda nunca generalizar absolutamente. Las estructuras de gobierno están minadas por el narcotráfico. Como parte de su lucha, la Federación sostiene una alianza estratégica con los movimientos sociales, sin negar que los roces y las controversias que se suscitan. Sin coordinación, no se avanza en una construcción. 
            Luego de los Acuerdos de Paz con la Urng (Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca) en 1996, el fenómeno de cooptación de organismos y sindicatos fue masivo. No ha cesado. Fenasteg tiene una certeza; no se puede ser parte de los gobiernos de turno.
            Actualmente se logró conformar la Comisión Nacional del Salario para dar batalla contra la regionalización salarial. La propuesta del gobierno y empresarios es definir el esquema de remuneración por zonas geográficas. Otra pelea es la embestida de las transnacionales con la flexibilización laboral, el alargamiento de la jornada de trabajo, el pago por producción, la tercerización de ciertos servicios, los contratos a tiempo parcial. La mentalidad patronal es colonial.
            Una figura apareció de manera firme en la reunión: el comandante Hugo Chávez, la Revolución Bolivariana, el Alba, y el destino de unidad latinoamericana y caribeña, bajo una bandera común de lucha: el socialismo. La magnitud del mensaje de Chávez es siempre conmovedora. Pudo plasmar en un punto de encuentro de millones en todos los rincones de Nuestra América. Y en el mundo, señaló un dirigente seguidor de Telesur. Sólo es posible ver este canal por Internet, la maquinaria mediática dominante en Guatemala es la voz del imperialismo. La necesidad de conocer y difundir la voz de la Revolución, de los medios que en cada país están en rebeldía, fue un reclamo y una necesidad.

Julio de 2013
Desde Guatemala, Adriana Albornoz, Cristina Camusso, Susana Pérez Miquel
 

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