El Espejo de Argentina y el Mundo

Año XX - Nº 226 (Segunda época)
Septiembre 2015

17 de marzo de 2013

Tiempo de definiciones



Revolución y contrarevolución


Ante la alternativa de votar entre Hugo Chávez y Capriles Radonsky hubiese votado por Capriles. Esa fue la respuesta, taxativa del dirigente del Partido Socialista, integrante del Frente Amplio Progresista (FAP),  Hermes Binner en un programa de televisión. Esta vez sin ambigüedad. Mientras multitudes en Venezuela y el mundo vibraban ante la muerte del comandante Hugo Chávez, cuando los revolucionarios/as y los pueblos de todos los continentes asumían la continuidad de la lucha antimperialista, por el Socialismo del siglo XXI.
No hay casualidades. América Latina es en esta etapa histórica el punto de reagrupamiento revolucionario y del renacer de las ideas del socialismo. La socialdemocracia y el socialcristianismo buscarán cumplir su papel de freno y parálisis de la revolución. La reciente designación del jesuita argentino Jorge Bergoglio como Papa refuerza la operatoria de tenazas. No es necesario afirmar aquí la complicidad y el alineamiento de la iglesia y  de  figuras como Bergoglio en los años de dictadura;  y luego en el ocultamiento y la omisión en las denuncias de los organismos de Derechos Humanos. Tampoco el ideario misógino homofóbico del nuevo Papa.
Algo ratificará el lugar de Argentina a escala regional: contribuir a la construcción del Alba y la emancipación de Nuestramérica o ser cabecera de playa de la reacción bajo ropaje progresista.
La sabiduría ancestral de la iglesia instrumentó en los años 80 su ofensiva conservadora con la figura del Papa polaco Juan Pablo II. Estaba entonces allí la base contrarrevolucionaria anticomunista con la caída de los países del Este y la Unión Soviética. Había que destruir la teología de la liberación y las batallas de liberación en América Central y la Revolución Sandinista.
No hay espacio para la confusión, las dudas o los términos medios. Las fronteras son claras y las posiciones sólo podrán ser netas. Quienes dicen asumir las banderas de la continuidad de la Revolución, la defensa de la Patria Grande, deberán, deberemos definir en cada geografía y en Argentina en particular nuestro lugar en este desafío gigante.  Ningún electoralismo especulador, ningún oportunismo puede justificar la conciliación, la trampa y la claudicación. Sólo la fuerza de la Revolución, las ideas claras, los pasos dignos, pueden forjar las herramientas políticas que en cada país y a escala internacional se requieren para esta nueva oportunidad.

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