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El Espejo de Argentina y el Mundo

Año XX - Nº 226 (Segunda época)
Septiembre 2015

25 de noviembre de 2013

Después de la debacle electoral del frepasocristinismo Cuadro de situación y tareas para la etapa

UMS - (Eslabón Nº 113)

Mientras las clases dominantes, sus teóricos y propagandistas, giran una y otra vez en torno a las dudas sobre las medidas que adoptará la presidente Cristina Fernández luego de un mes de licencia por razones de salud, la Unión de Militantes por el Socialismo prefiere analizar, a la luz del resultado electoral y las políticas puestas en práctica desde inicio del año, la conducta de las clases y sus representantes gremiales y políticos.
Tres rasgos fundamentales de la coyuntura argentina quedaron a la luz pública con los comicios del 11 de agosto y el 27 de octubre:
- fractura irreversible, debilitamiento extremo, del llamado kirchnerismo, y confirmación de su naturaleza socialmente insustancial y políticamente fugaz;
- sujeción agravada del movimiento obrero a la ideología y las organizaciones patronales;
- recuperación política de las clases dominantes en relación al descalabro de 2001 y el interregno desde entonces por cesión obligada de las palancas del poder a una camarilla de ávidos advenedizos.
Así, en primera instancia el saldo electoral supone que ante la reaparición sensible de la crisis estructural del país, el gran capital recupera sin disputa la iniciativa estratégica, en tanto la clase obrera -desorganizada, fragmentada y confundida- busca en candidatos y propuestas burguesas lo que el gobierno ya no sólo no puede continuar concediéndole, sino que comenzó a quitarle en los tres últimos años, a saber: reivindicaciones economicistas y de corto plazo, enteramente en el marco del sistema.
Para que el desplazamiento político del grueso de los trabajadores tuviera lugar, jugó un papel decisivo la conducta de la CGT-Moyano, así como también la de una cantidad de titulares de gremios encolumnados en la CGT-Rosada.
En cuanto al voto de izquierda, es doblemente significativo que trabajadores de diferente naturaleza y definición hicieran que este conjunto llegara a un 5% nacional. Por un lado, importa que al menos un sector mínimo del activo sindical y juvenil se expresara a través de estas candidaturas. Por el otro, es preciso subrayar que en conjunto estas propuestas representan una suerte de neo-reformismo, es decir, un reformismo clásico aggiornado sea con postulados postmodernistas, sea con pinceladas de lenguaje ortodoxo. Volveremos sobre este punto.
En cuanto a la burguesía, tendió tres grandes líneas para garantizar la continuidad de un control político sostenible en el tiempo, a través de formaciones diferentes que sumadas aglutinaron el 95% de los votos validos (esta pseudodemocracia saca porcentajes excluyendo no sólo la abstención, sino el voto en blanco y los anulados).
Esas tres líneas están representadas por el PJ (con la variante Massa); el bloque socialdemócrata de derecha (UCR, PS, Carrió, Solanas, más alguna patrulla perdida con pasado de izquierda y una cantidad de tecnócratas desahuciados); y los discípulos locales de la Internacional Parda, encabezados por Macri.
Frente a esto, el retroceso en la conciencia proletaria obró como fuerza de atracción negativa frente al activismo más radical. Jóvenes militantes enrolados en formaciones infantoizquierdistas o similares, entrevistados por medios de comunicación del capital durante la campaña, evitaban ostensiblemente cualquier alusión a conceptos como revolución y socialismo, relegaban o incluso enfrentaban los procesos revolucionarios en América Latina, llevados por la idea de que cualquier paso en esa dirección ahuyentaría votos del propio entorno en el que trabajan. Al margen la consideración que merezca tal conducta, es importante subrayar que esa deriva reformista por parte de siglas que durante años supuestamente representaron todo lo contrario, indica el estado coyuntural predominante en la clase obrera y las juventudes.
Que esa coyuntura pueda darse vuelta como un guante en circunstancias de eclosión general de la crisis económica -y que ésta no pueda descartarse ni en Argentina ni a escala mundial en plazos no necesariamente largos- no puede oscurecer las fuerzas objetivas que hoy la determinan.
Dicho de otro modo: el “sentido común”, panacea del pensamiento burgués y único instrumento al alcance hoy de trabajadores y jóvenes, lleva al activo hacia el reformismo y a propuestas descarnadas de integración al sistema político capitalista. Continúa abierta la fase histórica en la que los revolucionarios marxistas debemos remar contra corriente.
Eppur si muove… (“Y sin embargo se mueve”, diría Galileo tras afirmar, por exigencia de la santísima iglesia, que la tierra está quieta y el sol gira en torno a ella). En cada uno de los procesos que llevaron al resultado reseñado hay fuerzas potentes que podrían haber plasmado de manera diferente y que, desde la actual negación de su condición social, pugnan por hallar su verdadero signo.



Debajo del resultado electoral
El vuelco social traducido en votos responde en última instancia al fin de la ilusión economicista combinado con la enajenada conducta oficial -en primer lugar la Presidente- que pareció perder todo parámetro a partir de la victoria con el 54% de los votos en 2011.
Motor principal de ese vuelco es la inflación, a la fecha fuera de control. En octubre la CGT midió un alza de precios del 2,88% y el gobierno CABA 2,2%. Tales índices están determinados, ciertamente, por la emisión más allá de toda proporción para sostener un gasto también desorbitado. Contra lo que dicen defensores pseudoprogresistas del gobierno, esos volúmenes de gasto no están justificados por la transferencia de ingresos en favor de los desposeídos. De hecho, ocurre lo contrario. Los subsidios a la oferta de bienes y servicios se han convertido en un desfalco sistemático a gran escala, que alimenta la transformación de protoburgueses advenedizos en grandes grupos económicos, mientras cae el salario real y aumentan la pobreza y la indigencia. Sin embargo, el factor principal de la espiral de precios es la caída de la productividad media, arrastrada por el desastre energético, la baja o inexistente inversión, la obsolescencia de la red vial y ferrocarrilera, la corrupción otra vez y las deformaciones que introduce en la noción de trabajo productivo la conducta lumpen del elenco gobernante, traducida en una multiplicidad de políticas y decisiones caprichosas; todo acompañado por un manejo monetario que reproduce milimétricamente la nefasta “tablita” de Martínez de Hoz, el economista de la dictadura.
No insistiremos aquí en los indicadores económicos. Basta resumirlos en lo siguiente: es falso el crecimiento del PBI (falsificación que, de paso, servirá para entregar a los acreedores nada menos que 3500 millones de dólares por la leonina e irresponsable cláusula de recomposición de la deuda firmada por Kirchner y Lavagna, según la cual al crecer el PBI más del 3,3% anual se debe pagar un adicional a los intereses). Pero no sólo es falso el índice oficial en el porcentaje presentado por el gobierno, sino en la realidad de su composición: el mayor crecimiento corresponde al ámbito financiero-bancario; en segundo lugar, está el distorsionado e inconsistente crecimiento de la industria automovilística; en tercer lugar, el precio de los cereales. Fuera de esos nichos, la realidad económica es de estancamiento con inflación, lo cual en el giro global se impone como saldo, tal como lo caracterizó la edición Nº 108 de Eslabón, en mayo último. La caída del salario real, el freno al empleo, la pérdida de puestos de trabajo y el aumento del trabajo informal (pésimamente pagado, por fuera de las convenciones colectivas), repiten un cuadro del pasado reciente, perceptible a simple vista en el aumento de la marginalidad, aunque en esta oportunidad subrayada por el agravamiento sin precedentes de la violencia delictiva.

Derrota y fantochada
Como contribución adicional a la metástasis irrefrenable de la corrupción que encarna, el elenco gobernante intentó contrarrestar su fracaso electoral del 27/10 con una fiesta fellinesca en celebración de una alegada victoria: mantener la primera minoría y sostener el control en ambas cámaras. El reemplazante de Fernández, acompañado por todo el gabinete y algunos gobernadores, condujo un show grotesco, propio de personas que han perdido todo sentido de las proporciones y el mínimo respeto por sí mismas.
Se trata de un irresponsable desconocimiento y falsificación de los hechos. La cantidad de diputados y senadores –que efectivamente mantiene mayoría en ambas cámaras- se explica porque, además de las antidemocráticas deformaciones en el régimen para determinar cantidad de legisladores por provincia, en 2013 se renovó la mitad de quienes asumieron en 2009, momento en el cual, como se sabe, Néstor Kirchner fue arrollado por otra fracción peronista. Lo contrario, naturalmente, ocurrió para la oposición burguesa. Aún así, según su propia estimación el gobierno tendrá a partir del 10 de diciembre 113 diputados propios y 17 aliados, un total de 130, apenas dos más de lo necesario para controlar la cámara. Sin embargo, los “aliados” (como el Partido Popular Neuquino, entre otros), ya han tomado distancia y es presumible que no se comportarán como tales el año próximo. Eso sin contar que algunas estimaciones serias indican que 12 miembros del PJ-FPV ya tienen las maletas hechas para cambiar de bando.
También es verdad que con 29,6% a nivel nacional, el PJ y el FPV constituyen la primera minoría. Tan verdad como que ese porcentual está dividido en por lo menos cuatro fracciones principales, entre las cuales el kirchnerismo ocupa el tercer lugar de importancia, mientras el peronismo de otro signo obtuvo 24,6%, y el bloque UCR, PS, CCS, el 24,7%. Es decir: de holgada mayoría absoluta (54%), el gobierno pasó a recibir el rechazo de más de 4 de cada 6 votos emitidos válidos el 27 de octubre, pero los dos restantes no los controla efectivamente.
Imposible ocultar que el oficialismo perdió 24 puntos porcentuales entre 2011 y 2013; fue derrotado en 20 de los 24 distritos del Gran Buenos Aires (el bastión peronista); fue relegado al tercer lugar en Capital Federal, Córdoba y Santa Fe (los tres mayores distritos luego de Buenos Aires), quedó a 20 puntos de distancia en Mendoza, perdió por 12 puntos en la provincia de Buenos Aires y fue arrollado en Santa Cruz, provincia natal de Kirchner y sede original de su empresa política. Este resultado fue presentado como victoria. Hubo quienes compraron y revendieron esta fea manipulación de lo obvio.
Como sea, el propósito de mantener el control del poder en las manos actuales más allá de 2015, quedó sepultado. Esa era la única argamasa que sostenía al conjunto cuya consistencia, mellada por el zarpazo estadounidense a través de Sergio Massa, se debilitó al punto de transformarse en fuga masiva de funcionarios y pseudomilitantes a todo nivel.
En ese contexto, el problema de salud de Cristina Fernández fue una contribución inesperada para el pánico en las filas y el consecuente desmembramiento que apenas ha comenzado. También obró como complemento en la convicción mayoritaria de que la Presidente no puede sostener el timón nacional.
Este cuadro se agrava por la precipitación de la crisis económica y el hecho de que Fernández debe gobernar todavía dos años. Trataremos ese punto más adelante. Por ahora, baste decir que, en nuestra opinión, el FpV no tendrá continuidad. Esta certeza no proviene de los últimos acontecimientos, sino de nuestra caracterización original, actualizada ahora por el fracaso electoral, pero fundada en razones repetidas una y otra vez desde 2003. El FpV, dijimos entonces, es “un aguantadero temporario”. Engendros como La Cámpora y Unidos y Organizados carecen de cualquier perspectiva como tales y el conjunto aglomerado en torno a la familia, envuelto además en escandalosos actos de corrupción, no tiene otro destino que la disgregación y eventualmente la cárcel para varios de sus nombres más connotados, en la medida en que no se desate un cataclismo que arrastre el actual reordenamiento de fuerzas. Numerosas y poderosas franjas del gran capital local y extranjero manifiestan su resolución de “hacer tronar el escarmiento”, esta vez enjuiciando, encarcelando y expropiando a los desaforados beneficiarios de un robo frente al cual la caterva menemista empalidece.
Esto último no es un dato despreciable: amenazadas seriamente por la posibilidad de ser procesadas y expropiadas de bienes mal habidos, muchas de las principales figuras del alto gobierno podrían optar por contribuir a un colapso económico y social que arrastre al actual régimen político.

2015 y la iniciativa estratégica
Si se toma como punto de partida la coyuntura posterior al colapso de 2001, el gran capital recupera la iniciativa política estratégica sin la molesta y costosa mediación que implicó el período de la familia Kirchner. Queda, como hace doce años, la disputa entre la burguesía local y la transnacional. Otro sector, constituido por antiguos y nuevos personeros de mafias que explotan el narcotráfico, el juego y la trata de personas, en la última década han sufrido una transformación cualitativa para afirmarse como actores con libreto propio en la política argentina. Varios de los ministros, gobernadores e intendentes que acompañaron a Menem, Duhalde, Kirchner y Fernández, pertenecen a este conglomerado mafioso, enquistado en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en partidos, fuerzas de seguridad, sindicatos e innumerables organizaciones sociales de base, como por ejemplo Comisiones de Fomento vecinales.
No hay estructuras ni candidatos precisos para los dos bloques principales, en tanto los del tercero infiltran (y lo harán más aún en los próximos dos años) todo el espectro.
La fragmentación política de la burguesía se manifiesta en esfuerzos de realineamientos que apelan a diversos métodos y entremezclan figuras correspondientes a proyectos no ya diferentes, sino frontalmente opuestos dentro del marco capitalista. Para vencer al elenco gobernante confluyeron las dos alas de la burguesía que en 2001 protagonizaron el drama nacional, como golpistas (Duhalde-Alfonsín) y golpeados (derecha de la UCR, Frepaso y aliados circunstanciales en representación del capital financiero internacional, simbolizados en la hoy aplastada figura de Domingo Cavallo, quien en las PASO no logró el mínimo para ser candidato en Córdoba).
Aun sin desestimar el hecho de que el dinero y la ubicación en puntos importantes de la economía y el Estado pueden darle una sobrevida al conjunto hoy gobernante, puede contarse con la certeza de que, sin programa ni estrategia, y sin dirigentes respetados y de valía, los diferentes componentes del FpV no podrán sostenerse como una corriente a mediano y largo plazos en la política nacional. Eso en el caso de que alguna de sus principales figuras se lo propusiera, lo cual es dudoso.
En proyección los candidatos principales son Hermes Binner (PS), Daniel Scioli (PJ-FPV), Sergio Massa (FR-PJ), Julio Cobos (UCR), Ernesto Sanz (UCR), Elisa Carrió (CCS), Mauricio Macri (Pro). Según el curso de los acontecimientos, se distribuirán en 3, 4 y hasta cinco bloques burgueses predominantes, que eventualmente irían a primarias en 2015: Scioli y alguien del FPV, Massa sin disputa hasta el momento en el FR, Binner, Cobos, Sanz y Carrió en algo que emule a Unen de Capital Federal y arme un gran frente de derecha socialdemócrata, Macri hasta el momento sin arco de alianzas serio y, eventualmente, un candidato propio de FPV impulsado por el gobierno nacional contra Scioli y Massa.
Como se sabe, las cúpulas sindicales están alineadas con estas variantes endebles pero políticamente dominantes del capital. Desde la perspectiva de la clase obrera, es irrelevante con cuál candidato se alinee cada uno. Sólo resta saber si la CTA disidente se sumará formal y orgánicamente al frente PS-UCR-CCS, o persistirá en sostener a la llamada Unión Popular, fracasado intento cupular, verticalista y clericalista apoyado en una parte de esa ala sindical y los remanentes de la ya olvidada “constituyente social”, que en estas elecciones tuvo un resultado más escuálido del imaginado. También está por verse qué harán los sectores de la CTA disidente que desde el año pasado se opusieron a la subordinación al FAP y al callejón sin salida de la Unión Popular, pero sin llegar a presentar una propuesta unificadora nacional y de largo alcance.
Basta repetir que aquel conjunto suma el 95% de los votos válidos, para concluir que la burguesía tiene la iniciativa estratégica y el proletariado carece hoy en grado absoluto de proyección independiente como clase para el futuro inmediato y, específicamente, para 2015.
Dicho de otro modo, esto significa que la crisis en curso será afrontada desde la perspectiva del capital y en perjuicio de las masas explotadas y oprimidas. También implica que Argentina saldrá de la posición latinoamericanista en las palabras y subordinada al imperialismo en los hechos, para invertir la ecuación y presentarse como “abierta al mundo” (absolutamente todos los pre-candidatos mencionados entonan esa melodía en falsete) y en los hechos haciendo todas las concesiones necesarias a la fuerza inercial de la confluencia latinoamericana, al estilo de los gobiernos de Chile, Perú y Colombia, pero también –pocos grados a la izquierda- de Uruguay y Brasil.
En suma, todos los candidatos aunados en la oposición al Alba, aunque diferenciados en cuanto a grado y forma a adoptar para torcer la dinámica de convergencia latinoamericana de la última década, que transformó el mapa regional e hizo inaplicable la voluntad estadounidense.
Es esto justamente lo que marca alguna diferencia entre las figuras señaladas. Scioli y Massa, idénticos en casi todo, se diferencian porque el primero traduce más directamente al capital local (Techint, Arcor, Clarín, grupos sojeros), en tanto el segundo aparece como mera correa de transmisión del Departamento de Estado. El hecho de que no pocas figuras de segundo nivel en el FR sean en realidad representantes de lo que en principio encarna Scioli, augura turbulencias internas que provocarán realineamientos eventualmente traumáticos si, como todo lo indica a la fecha, no logran convivir en un arco que dirima en primarias la candidatura presidencial. Por su lado, el bloque socialdemócrata encarna desde ya la representación del capital local, sesgado en su predilección por la alianza subordinada con el imperialismo europeo, a excepción de la Sra. Carrió, engranaje ruidoso del Departamento de Estado.
En la coyuntura inmediata, la reaparición de la deuda externa como instrumento de saqueo multiplicado y causa de profundos desajustes en las finanzas nacionales, tensará al máximo la contradicción entre posturas de sumisión al capital financiero internacional y variantes que busquen aliados regionales para negociar desde posiciones menos débiles. Hoy, hasta la propia gran burguesía denuncia que el llamado “desendeudamiento” ha sido una escandalosa estafa moral a la población, sólo superada por la estafa económica a los recursos de la nación. Como Eslabón lo señaló años atrás, por sobre sus diferencias internas un sector probablemente hegemónico del gran capital ha escogido como figura de recambio a Hermes Binner, con el respaldo de la socialdemocracia europea, es decir, el imperialismo europeo. Desde hace años se produjo la alianza internacional de socialdemocracia y socialcristianismo. Ahora entra en juego un factor nuevo, probablemente decisivo: el papel del Papa argentino, militante orgánico de la derecha peronista.
Oportunamente señalamos que la elección de Bergoglio al papado, operación articulada por el Departamento de Estado con proyección sobre todo latinaomericana, fue un movimiento maestro de la estrategia contrarrevolucionaria. Ahora, en Argentina las clases dominantes ven en el Papa la llave para lograr, siquiera temporariamente, la cohesión que por sí mismas son incapaces de alcanzar. Dígase sin rodeos: toda aproximación (sindical, partidaria, social) a Francisco es la asunción franca de una perspectiva contrarrevolucionaria, por mucho que se ensayen nuevas formas de mímica pseudo progresista, repitiendo con variaciones la conducta del actual elenco gobernante.

¿Cuál es la estrategia para los revolucionarios?
Dado este panorama, aparte de preguntarnos por qué Argentina y su poderoso movimiento obrero llegó a este punto, cuál es la responsabilidad de cada corriente, de cada equipo dirigente, ahora corresponde ofrecer una respuesta, afirmar una posición estratégica, de la cual se desprendan todas las tácticas necesarias para afrontar el difícil tramo del porvenir inmediato.
Se trata de estar preparados para asumir las dos variantes del devenir político en el mediano plazo, por supuesto no excluyentes:
férreo control del gran capital para responder a la crisis nacional e internacional en curso, haciendo cargar a la nación y el pueblo los inmensos costos sociales y humanos de la crisis estructural en nuestro país, desfigurada primero y agravada después por la estafa histórica llamada kirchnerismo;
eventual erupción de rebeldía social a gran escala contra la totalidad de las instituciones del sistema.
Desde el punto de vista estratégico, los revolucionarios debemos optar por una de dos perspectivas: acumulación electoral y conquista de lugares en el aparato del Estado; u organización en función de la unidad social y política de las grandes mayorías tras la perspectiva de una insurrección antimperialista y anticapitalista.
Adelantémonos a la réplica ligera: desde luego es posible y necesario combinar un eventual trabajo de masas desde la participación electoral con la organización de la clase obrera y el conjunto de sus aliados potenciales para un choque frontal con las instituciones del capital. Ocurre que educar a las masas, el activo y los cuadros en la importancia fundamental de tener “la izquierda en el Congreso” es incompatible con la estrategia insurreccional.
El cretinismo parlamentario no es una huera frase de Lenin. En las dos campañas de este año se ha visto a propuestas de izquierda revolucionaria sometidas por completo a las exigencias del electoralismo. El Fit llegó a levantar la consigna “vamos por más”. Otros compañeros presentaron como novedosa y revolucionaria la consigna de “que los ricos paguen más impuestos”. Casi sin excepción, se omitió el concepto de revolución, la propuesta de transición al socialismo estuvo por completo ausente y hubo casos en que un grupo de candidatos del Fit, acuciados por periodistas de TN en una mesa de entrevistas, se negaron a decir que su propuesta incluía una condena al capitalismo. Fue patético ver cómo un periodista se esforzó para hacerles decir que era necesario el socialismo, sin resultado. Estos compañeros obraron según la indicación de sus dirigentes, quienes alertaron “si repetimos nuestro discurso revolucionario, perdemos votos”. Como se ha señalado más arriba, es una percepción correcta. Pero… ¿adónde lleva? Para colmo, el éxito relativo alcanzado con estas tácticas, alimenta la extensión de tales conductas. Tras una resonante participación electoral en las locales de Salta, una compañera elegida como senadora provincial, interrogada por la prensa sobre el tema aborto explicó su línea: “no queremos que haya abortos, por eso trabajamos en la prevención y la educación sexual para que no sigan muriendo mujeres pobres por operaciones clandestinas".
Otra vez: es correcto decir que no queremos que haya abortos. Pero el tema es si estamos a favor o no de la despenalización y gratuidad de la interrupción voluntaria del embarazo. Como contrafigura, hubo una organización que hizo campaña exclusivamente con la consigna “legalización del aborto”. El oportunismo es, sin duda alguna, la otra cara del infantoizquierdismo.
Y esto va de la mano con una absoluta incomprensión de la realidad social y política del país. Véase si no: “Podemos crecer hasta convertirnos en una alternativa de poder en 2015", declaró el diputado electo del Fit en Buenos Aires tras los resultados en Salta. Simultáneamente, el principal dirigente nacional de ese sector, tras condenar –con toda legitimidad- al bloque socialdemócrata concluyó: “en cuanto logremos desbloquear eso, llevaremos nuestra victoria a Córdoba, Santa Fe y la Capital".
No se trata ya de la “enfermedad infantil del comunismo” que condenaba Lenin, sino más bien de la enfermedad senil del izquierdismo: un desaforado electoralismo tardío, puesto como ilusión ante el activo militante que busca un camino alternativo.
Periodistas progres se hacen un festín con esta novedad. Uno de ellos le recordó al titular del PO y el Fit el llamado “teorema de Baglini” (la radicalidad en el lenguaje de los candidatos es inversamente proporcional a la cantidad de votos que obtienen). Con visible consternación, el aludido balbuceó alegando que se trataba de una “formidable prueba de madurez”. Aparte el reconocimiento de inmadurez durante décadas, el hecho es que desapareció del discurso del Fit la crisis del capitalismo mundial, la necesidad de organización internacional, la noción de revolución permanente y la idea de partido revolucionario de los trabajadores.
Ahora bien: si una campaña electoral no es utilizada para reivindicar y propagar el programa de la revolución socialista, para contribuir a la concientización, organización y unión de las grandes masas… ¿para qué sirve?
Para llevar a uno o diez diputados al Congreso, se nos dirá. Pero eso es muy poco entre los 257 que tiene la clase dominante. De modo que una vez en la banca, habrá que camuflar nuevamente el discurso para obtener más votos. Esa táctica ya domina el discurso del Fit posterior a las elecciones. El movimiento obrero mundial ya conoce esta historia.
¿Deberíamos las fuerzas revolucionarias propalar que estamos a favor de la insurrección y la violencia? ¡Claro que no! Ante todo, porque no es verdad. Nosotros luchamos por la paz, la fraternidad, la igualdad y la libertad. Y sostenemos que esto es imposible sin la abolición del capitalismo, lo cual supone la rebelión organizada de las mayorías y la instauración de un nuevo cuadro político-institucional, que se dará por los caminos que las relaciones de fuerza locales y la realidad mundial determinen en su momento. En Bolivia una oleada de huelgas, luchas de calle e insurrecciones quebró la estructura y la voluntad de las clases dominantes, permitió la unidad social y política de las masas y dio como resultado la elección que consagró un presidente indio y revolucionario.
Ahora bien: ¿qué son las elecciones en este período de la historia en nuestro país? Un titular de La Nación decía el jueves 7 de noviembre: “al kirchnerismo cada voto le costó $8,15 y a Sergio Massa $3,23”. Según esta cuenta –que esconde el grueso de lo que verdaderamente se gasta- en cifras redondas los 7 millones de votos del FPV costaron 57 millones de pesos y los 4 de Massa 13 millones de pesos: ¡un total de 70 millones para elegir diputados y senadores de sólo dos formaciones! (Y esto en la provincia de Buenos Aires solamente, donde el Frente progresista gastó $3.671.563,00, a razón de $3,6 por voto, De Narváez-Moyano $4.371.652,20, alrededor de $9,3 por cada voto y el Fit $2.660.630,70, unos $6,14 por voto).
¡Y esto es apenas lo declarado oficialmente! Para los oficialismos hay que elevarlo a quién sabe qué potencia, puesto que las dádivas y trapisondas insumen mucho más. ¿Cuánto gastan en las presidenciales? ¿Cómo se financia semejante derroche? ¿Qué significa que el voto tenga precio?
Aparte la indecible inmoralidad de tamaño gasto en un país donde campean la desnutrición, la marginalidad, la falta de lo elemental en los hospitales, la falta de escuelas y maestros, la falta de vivienda… aparte de eso: ¿cómo una fuerza revolucionaria puede competir en ese terreno? ¿Haríamos rifas o saldríamos a asaltar Bancos? O, para ponernos a tono: ¿negociaríamos con los narcotraficantes?
Eso es lo que hacen los candidatos burgueses: utilizan el juego como fuente de recaudación; asaltan a los clientes de los Bancos con exacciones cotidianas y periódicas y luego exigen una porción a los banqueros. Y, sí: negocian con los narcotraficantes. Aunque la parte del león viene de otra fuente: de la plusvalía que roban de nuestro trabajo y las patronales invierten en políticos corruptos que luego defenderán sus negocios.
No: no somos nosotros quienes acudiríamos en ninguna hipótesis a tales métodos. Son los participantes del corrupto e insostenible sistema político de la burguesía argentina y sus amigos imperialistas quienes lo hacen. Y así bloquean de manera definitiva el camino de participación democrática, libre e igualitaria de las masas en la disputa por ideas programas y figuras para representarlas. No es por esta vía que el país saldrá del abismo al que ha sido arrojado por las clases dominantes y los políticos de todo pelaje asociados a ella.
¿Nadie recuerda la sublevación de 2001/2002? ¿Por qué las multitudes vociferaban “¡que se vayan todos!”? ¿Es que alguien que se considera revolucionario quiere estar entre esos todos condenados por la ciudadanía sana?
La organización consciente de las masas, la movilización, la huelga general, son el camino de la revolución. Lo demás es engaño. Ningún revolucionario serio desestima las formas institucionales en el desenvolvimiento de la lucha de clases. Ningún revolucionario honesto oculta esta verdad a las masas y participa en la estafa moral que implica convencer a alguien de que con un diputado en el Congreso podremos hacer que la crisis la paguen los de arriba. Cada quien debe reflexionar sobre esto y preguntarse en qué camino está enrumbado.

Cuál es la táctica para los revolucionarios
Tras la derrota electoral, el frepasocristinismo tiene todavía dos años antes de que constitucionalmente llegue la hora del recambio.
En este lapso el gobierno debe afrontar la urgencia de contener el gasto (sobre todo subsidios masivos al transporte, gas, electricidad y otros servicios), o sostenerlo de manera ficticia con emisión descontrolada. Esta exigencia coloca al gobierno ante la opción de “profundizar” (según su vacío latiguillo) en su irracional impostura como gobierno pseudoprogresista y pseudoantimperialista, agravando hasta el paroxismo los desequilibrios macroeconómicos, o emprender el camino clásico de los gobiernos liberales que intentan sortear la crisis cargando sus efectos sobre los hombros de trabajadores y capas medias bajas. Por el momento, lo que ha hecho es un ajuste gradual, aumentar el precio del dólar en un 50%, los combustibles en un 100%, negociar con Chevron y otros transnacionales, con el Banco Mundial, el Club de París, el FMI y los fondos buitres.
Es presumible que la Presidente y una parte de sus acompañantes se negará a continuar sin zigzagueos por este camino. Giros y bandazos estarán a la orden del día. Pero, incluso si esto no llevara al descontrol económico y la consiguiente explosión social antes de 2015, plantearía a la oposición burguesa un serio dilema: permitir o no que el gobierno saliente sostenga el actual ritmo de pérdida de reservas, continúe endeudando al país con compromisos exigibles a partir de 2016 y deje como legado una masa de subsidios cruzados de magnitudes insostenibles, pero también irrevocables, por el impacto social que su eliminación supondría. Es de esperar, sobre esta base, un frente único burgués para impedir semejante curso. La manera de hacerlo es buscando la renuncia anticipada de Fernández, por donde los intereses objetivos de ambas facciones coinciden en un cruce de caminos. Volveremos sobre este punto; pero se puede adelantar la necesidad de afrontar esa eventual coyuntura sosteniendo la continuidad institucional, centrada en las garantías constitucionales y los derechos civiles, sin comprometerse en la defensa del gobierno mismo y denunciando la naturaleza de ambas facciones en pugna.
Más allá de las variantes tácticas el ajuste silencioso practicado en los dos últimos años se multiplicará. No es seguro que el gobierno pueda sostener durante ese período el equilibrio de una macroeconomía desquiciada, en la que vuelve a gravitar fuertemente la caída de reservas, el peso de la deuda externa, el desbocado déficit fiscal y la consecuente inflación. Imposible prever qué medidas adoptará éste o el futuro gabinete (la Presidente ha vuelto a postergar su reasunción, lo cual más que problemas de salud indica ahora dificultades extremas para trazar un plan de acción incluso de cortísimo plazo y para recomponer el elenco que la secunda). En cambio, sí es seguro que no se revertirá la tendencia al estancamiento y recesión de la economía, caída del salario real, aumento de la desocupación, todo en medio de la agudización del conflicto entre subsidios, empleo público como contrapeso a la parálisis privada e instrumento de manipulación política de un lado, y la necesidad de poner en caja el déficit fiscal por el otro. Esta contradicción es irresoluble en el actual gobierno, pero también lo será en cualquiera de las variantes que pudieran sucederlo en 2015.
Es de lamentar que buena parte de la izquierda afronte esta perspectiva con la táctica de reunir frentes de ocasión para ganar más votos en 2015. Todos deberían recordar el auge y caída del Mas en los años 80. Sería útil también precisar un dato olvidado: a fines de los años 1950 y comienzos de los 1960, el Partido Obrero Trotskista (Posadista), llegó a receptar más de un millón de votos (hoy un puñado de ellos integra el FpV).
El electoralismo a ultranza del Fit es más que una opinión cristalizada; es una lógica ideológico-organizativa y un entramado de integración al sistema. Desde allí el PO arrastra al PTS. En cambio, la inclinación táctica de una cantidad de otros agrupamientos se explica por ausencia de una caracterización ajustada de la coyuntura nacional, regional e internacional y por definiciones estratégicas insuficientemente decantadas.
Sobre la base de la permanente disposición al frente único antimperialista o a cualquier instancia de defensa efectiva de los derechos civiles y las garantías constitucionales, la UMS toma distancia explícita del infantoizquierdismo devenido electoralismo sin principios.
En cambio, mostramos nuestra mayor disposición a explorar todos los caminos de convergencia en pos de la unidad social y política del movimiento obrero y todo el amplísimo arco de aliados potenciales, a partir de un programa transicional para enfrentar la crisis capitalista, la embestida regional del imperialismo y la urgencia por presentar una alternativa frente al desgranamiento del gobierno actual y el carácter reaccionario y proimperialista de quienes se aprestan a reemplazarlo.
Invitamos a leer dos materiales presentados por la UMS en 2009: Cómo organizar la voluntad unitaria (http://bit.ly/1a1KQzM), y nuestra posición frente a un seminario en mayo de 2006, titulado Autoconvocatoria por el reagrupamiento y la confluencia política de los luchadores, las fuerzas populares y la izquierda (http://www.uniondemilitantes.com.ar/). E insistimos en coordinar esfuerzos para realizar, a comienzos de 2014, un encuentro preparatorio para la concreción de una Organización Federal para la Revolución Argentina, punto de unidad política y social para cientos de organizaciones, miles de luchadores sin partido, millones de trabajadores y jóvenes que ya no toleran la decadencia capitalista y el saqueo de nuestro país.
11 de noviembre de 2013

Periodistas
Dos nombres conocidos de la prensa han sido objeto de ataques con diferente sello y grado de violencia.
Condenamos sin rodeos el ataque individual y el patoterismo, sea institucional o parapolicial, como han sido estos casos. En el umbral de una nueva crisis general en Argentina, enmarcada en la crisis global del capitalismo, la utilización de estos métodos amenaza con un deslizamiento hacia formas de accionar fascista que el país ya conoció a partir de 1974.
Magdalena Ruiz Guiñazú acudió junto con otro siete colegas suyos a la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, perteneciente a la OEA), para denunciar hechos contrarios a la libertad de prensa. Al regresar, dos agentes de la AFIP hicieron un aparatoso procedimiento público para revisar sus cuentas.
Alfredo Leuco, crítico del gobierno, quien también avaló la denuncia a la CIDH, fue atacado por cuatro individuos montados en dos motos, en pleno centro de la Capital Federal. A golpes, le arrebataron su computadora y documentos varios. Dos días después, explicó que allí tenía los datos de un libro en preparación sobre el papel del también periodista Horacio Verbitsky durante los años de dictadura. Anunció también que no escribiría ese libro y que tomaría dos semanas de vacaciones.
La Unión de Militantes por el Socialismo no tiene que explicar su posición frente a la OEA y la CIDH, instrumentos del Departamento de Estado para defender invasiones, golpes de Estado, saqueos sistemáticos, dictaduras y ataques a gobiernos opuestos a Washington. Pedir allí libertad de prensa es como buscar agua bendita en el infierno.
Pero no se trata aquí de criticar ésa u otras posiciones de estos dos periodistas, sino de condenar la agresión que han vivido. Magdalena tiene una larga trayectoria de consecuente defensa de los derechos humanos desde posiciones liberal-conservadoras, apegada a la realidad de los hechos y con rigor profesional. Leuco no oculta su defensa del sistema capitalista, condena por definición que un periodista asuma una posición partidaria, pero trabaja con armas limpias; al menos, todo lo limpias que habilitan los medios donde se expresa.
Ambos merecen el respeto a sus garantías individuales y sus derechos civiles. Y la UMS se compromete en esa defensa.





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